LA NUEVA WEB

sábado, 7 de agosto de 2010

Que triste es llegar a viejo



Soledad, tristeza, menos dinero que nunca, deterioro físico y enfermedades. Abundan los miedos asociados a una fase tan natural como poco aceptada del ser humano: el envejecimiento. Casi por inercia se tiende a pensar que malestar, dependencia y abandono vienen en un pack indivisible una vez se superan los 70-75 años. Pero no siempre es así. Dos terceras partes de las personas mayores quieren envejecer en el mejor lugar que se les ocurre, su propia casa.

El problema viene cuando los hijos (salvo honrosas excepciones), no se quieren hacer cargo de los padres y los abandonan en residencias, en el mejor de los casos van a verlos de vez en cuando, en el peor casi nunca.

Tampoco los servicios sociales se pueden hacer cargo del cuidado y la atención que necesitan, faltan trabajadores sociales, centros de día, residencias.

Los gobiernos de turno no es que destinen precisamente EL PRESUPUESTO NECESARIO PARA TALES FINES, ya sabemos todos como malgastan y derrochan el dinero público.

Llegan las elecciones y todos prometen más, se les llena la boca prometiendo justicia social, derechos, igualdad, bla bla bla.

Les han vendido de nuevo la burra a nuestros mayores.