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lunes, 1 de febrero de 2010

LOS FESTINES DE BALTAZAR


”El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos que escuche…” , aunque el hombre es el único animal que tropieza dos veces, con la misma piedra…

Este texto lo narró el Profeta Daniel hace muchos siglos.

El rey babilónico Baltazar, monarca de los caldeos, en sus amurallados palacios acostumbraba realizar grandes festines que terminaban en orgías. Eran frecuentes las asiduas asistencias de convidados que disfrutaban de tantos placeres, comida, mujeres, regalos y bebidas, en fin un derroche continuo sin importar las necesidades de los súbditos. Baltasar ordenó sacar los cálices del Templo de Jerusalén, para que todos sus invitados pudiesen tomar vino y brindar al unísono. Sucedió que en el último festín apareció, en un muro del palacio, en forma repentina unas palabras difíciles de entender y por ello , Baltasar buscó al Profeta Daniel para que descifrara lo aparecido y éste le dijo: “ Dios ha contado los días de tu Reino…ha sido pesado y hallado escaso…y le ha puesto fin.” Y así sucedió a los pocos días…!!!

Hoy en España hay muchos Baltazares.

Nadie puede saber cuanto se gasta hoy Zapatero (Baltazar) y el resto de miembros del tren ejecutivo; nadie ha calculado lo que gasta el Estado en esa carnestolenda de Congresos socialistas, en Seminarios internacionales, de Grupos Socialistas regionales, de tantos actos públicos de propaganda gubernamental.

Nadie se puede imaginar lo que se gasta hoy este gobierno en comprar silencios.

¿Cuanto nos cuestan estos nuevos Baltazares y sus festines?

Agreguemos a lo anterior el robo y la corrupción abyecta y galopante, que carcome al gobierno, a la ineficacia para castigar tantos pillos y ladrones en contraposición con las necesidades apremiantes del pueblo trabajador y decente; entonces es necesario, por el bien este país, que termine este vernáculo convite y se piense más en esta España tuya, mía y nuestra.

Cuando sean juzgados, nada los salvará; ¡esos pecadores no tendrán parte en la reunión de los buenos! En verdad, Dios cuida a los buenos,
pero los malvados se encaminan al fracaso. Salmo 1